-Hace unos días, Horacio Verbitsky reflotó en el diario Página/12 una vieja acusación que pesa sobre Bergoglio. Se le imputa haber "entregado" a un comando de la Marina, durante el Proceso, a dos sacerdotes de su orden que luego fueron secuestrados ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

-Efectivamente, la acusación es vieja. Y, agregaríamos, insistente. Bergoglio nunca quiso contestar. Pero en el libro, a una década de distancia del primer artículo, decidió responder ante nuestro pedido. Su versión es clara: no solo no los entregó, sino que les aconsejó que dejaran la villa donde desempeñaban su tarea pastoral porque podría ser peligroso ante la paranoia militar de aquella época. Hasta les ofreció alojamiento. Y cuando fueron secuestrados, se movió intensamente para obtener su libertad, que finalmente se produjo. Además, lo complementamos con un testimonio de Alicia Oliveira, co-fundadora del CELS, un emblemático organismo de Derechos Humanos que estuvo cerca de Bergoglio en aquella época y defiende su actuación.

-A partir del escándalo desatado por los casos de pedofilia que involucran a sacerdotes, le preguntaron a Bergoglio qué opinaba sobre la eliminación del celibato como medida tendiente a desterrar esos delitos de la Iglesia. ¿Qué dijo?

-Que no existe relación entre celibato y pederastia, ya que la mayoría de los casos se produce en el ámbito de las familias y del barrio, aunque la gravedad moral de que sea cometida por un sacerdote es enorme. La pedofilia es una perversión anterior a una exigencia celibataria. Una persona no se hace pederasta por ser célibe: ya lo es. En esto coinciden psicólogos y psiquiatras. Por tanto, la solución no pasa por eliminar el celibato, sino -en esto es muy claro Bergoglio- por ser muy rigurosos en el ingreso a los seminarios.

-¿Cómo explica Bergoglio la distancia que existe entre las prescripciones de la Iglesia y el modo de vida de un alto porcentaje de los católicos?

-El tema, ciertamente, es abordado en el libro. Pero Bergoglio lo plantea de esta manera: el desafío es estar cerca de la gente, de sus alegrías y sus pesares. Llevarle el mensaje del Evangelio, que es un mensaje de amor y de comprensión. Porque el cristianismo, como dice Benedicto XVI, no es un catálogo de prohibiciones, aunque algunos hayan enfatizado todo lo que no debe hacerse en vez de todo lo que debe hacerse y lo que nos hace bien y nos llena de felicidad. A nuestro criterio, la Iglesia del futuro pasa por un enfoque positivo del mensaje cristiano. Además no olvidemos que Bergoglio habla de pasar de una iglesia "reguladora" de la fe a una iglesia "transmisora y facilitadora" de la fe.

-En un pasaje de su libro, Bergoglio remarca la necesidad de que la Iglesia vaya al encuentro de la gente; en otro, señala los límites que debe respetar al involucrarse con la realidad, en particular en el plano político. ¿Cómo se plasmaron en la acción esas ideas de Bergoglio?

-La Iglesia debe estar cerca de las preocupaciones de la gente. Y especialmente cerca de los pobres. Hace a su misión denunciar las situaciones de injusticia. Si se quiere, la Iglesia hace política. Pero política con mayúsculas. Porque procura el bien común. Eso no quiere decir que a veces haya quienes se confundan dentro de la propia institución y caigan en partidismos. Bergoglio es muy claro en este sentido: Política con mayúsculas, sí. Partidismo, no. En todo caso, son los laicos con vocación política los que deben integrarse a un partido político.

-La relación del cardenal con el oficialismo ha sido, y sigue siendo, particularmente tensa. "Es mi única oposición", llegó a afirmar Néstor Kirchner. ¿Qué creen que es lo que más les molesta a los Kirchner de Bergoglio?

-Tal vez, que (Bergoglio) dice las cosas que considera que no están bien o que podrían estar mejor. Pero se lo dice a todos los sectores, inclusive a la Iglesia. En el capítulo "La construcción de una cultura del encuentro" se habla de este tema. Bergoglio sostiene que procura no parcializarse nunca y que le parece que considerarlo como un opositor es una manifestación de desinformación. Agrega que su invitación es siempre al diálogo. Y la premisa del diálogo es la escucha y la aceptación de que ni una ni otra parte en un conflicto puede tener toda la razón. En el capítulo titulado "También me gusta el tango", el cardenal confiesa su afición a ese género. Y el tango como baile es considerado como una de las formas más perfectas de diálogo entre dos personas diferentes que logran un profundo entendimiento en el breve lapso de una pieza. Llama la atención que en la patria del tango haya tantos desencuentros e incomprensiones entre sectores pero este podría ser un tema para otra entrevista.

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PERFIL

Sergio Rubin es periodista del diario Clarín, donde es responsable de temas religiosos y editor del suplemento Valores religiosos. Realizó una decena de viajes con el Papa Juan Pablo II y entrevistó a personalidades del mundo religioso como la Madre Teresa o el cardenal Antonio Samoré. Es autor del libro Eva Perón: secreto de confesión.

PERFIL

Francesca Ambrogetti es periodista, escritora y psicóloga social. Nació en Roma y actualmente es corresponsal en la Argentina de la agencia noticiosa italiana Ansa. Fue presidente de la Asociación de la Prensa Extranjera en la Argentina y de la Asociación de Corresponsales Extranjeros.